Mutilando la Palabra en la escuela sabática

Como parte de la IASD, el Comité de Publicaciones de la Escuela Sabática es inevitablemente reflejo de una estructura eclesial institucionalizada y jerarquizada. Cualquier ámbito oficial tiende a resentirse por causa de ella.

Por eso no es de extrañar que, junto a múltiples aciertos, en sus guías de estudio se deslice a veces lo que podemos llamar la “ideología del poder”, por acción u omisión. Creemos que así ocurre en un caso reciente que vamos a analizar aquí.

“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo estando tú y él solos; si te oye, has ganado a tu hermano. Pero si no te oye, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oye a ellos, dilo a la iglesia; y si no oye a la iglesia, tenlo por gentil y publicano” (Mateo 18:15-17).


El librito del trimestre recién concluido, obra principalmente del conocido evangelista Mark Finley, no ha estado exento de buena teología. Bajo el título “Reavivamiento y reforma”, ha profundizado en el objeto del lema mundial para la iglesia en estos últimos años. Aquí nos centraremos en algunos detalles de la lección de la penúltima semana, titulada “Reforma: Sanar relaciones rotas”.

Cabe reseñar positivamente que en la parte del viernes 20 de septiembre, entre las causas que impiden el reavivamiento y la reforma en la iglesia, se citase “nuestro deseo de supremacía”. Nunca está de más recordar que en nuestra vieja naturaleza anida el mismo espíritu que llevó a Lucero a convertirse en Satanás (ver Isaías 14:12-14).

Ese rasgo aparece citado entre otros vicios (celos, egoísmo…) que dificultan nuestro crecimiento espiritual y personal. El contexto es, por tanto, el plano individual. No se trata de una crítica directa al afán de poder que se halla, pese a las recomendaciones del Señor (ver Mateo 20:20-28), tan presente en nuestra organización. Bueno es que se mencione tal deseo. Pero es una pena que no se relacione con un ámbito en el que tan pernicioso resulta para el conjunto de la feligresía. Si en verdad queremos reavivamiento y reforma, deberíamos procurarlo en todos los planos de nuestra iglesia, incluido el institucional. ¿Ideología del poder?

Un sesgo llamativo al hilo de un pasaje bíblico bastante claro

Más grave resulta lo que encontramos en la parte del día anterior, jueves 19 de septiembre, titulada “Del rencor a la restauración”. Su reflexión gira en torno al texto (de Mateo 18:15-17) que hemos reproducido al principio.

Cuando se leen esos versículos, ciertamente ha de concluirse que sus consejos proveen una vacuna contra el rencor. Al hablar de su ofensa con quien nos la ha infligido, desahogamos nuestro corazón y le damos al ofensor la oportunidad de pedirnos perdón. Así, el paso seguido por nuestra parte favorece la deseable reconciliación (o “restauración” de la relación). Sin embargo, ahí no se agota la enseñanza del Maestro en ese pasaje.

La lección afirma que “el deseo de Jesús, en Mateo 18, es mantener el conflicto en un grupo tan pequeño como sea posible”. No hay duda de que el Maestro no es amigo del escándalo evitable (ver p. ej., en el mismo capítulo, Mat. 18:6-9; cf. Lucas 17:1-2). También es cierto que con demasiada frecuencia al “hablar por detrás” o al abordar públicamente asuntos que en principio merecen un tratamiento privado, se producen efectos innecesariamente negativos y, en ocasiones, muy graves: tienden a correr bulos, se mancillan reputaciones e incluso surgen bandos enfrentados. Es moralmente preferible encarar con valentía, a la vez que con discreción, al infractor que nos ha hecho daño. Pero con esto tampoco se agota la enseñanza de Mateo 18:15-17.

El propio librito reconoce, tal como lo hace el Maestro, que puede no bastar con ese primer paso. Según Mateo 18:16, la razón es que el ofensor “no te oye”: quien ha pecado contra ti no reconoce su culpa. De ahí que sea necesario insistir, llevando esta vez “a uno o dos” testigos (y esto se aconseja con independencia de que haya o no rencor en la parte ofendida). Al hilo de ello, la lección comenta que “el propósito es que las dos personas se unan en vez de separarse más”. No cabe duda de que esto se encuentra en el espíritu de la enseñanza de Jesús (“si te oye, has ganado a tu hermano”, acaba de indicar en el versículo previo).

Pero al decir “el propósito”, los responsables de la lección pasan por alto otra finalidad que es más inmediata y no menos explícita, y que aparece en el mismo versículo 16: “… para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra”. A menudo, la discreción inicial debe dar paso a la transparencia. Esta se enmarca en la idea de que si el infractor no se arrepiente, debe recibir la oportuna disciplina.

Da la impresión de que la lección quisiera contemplar solo el caso de que quien “peca contra ti” reconoce su pecado y pide perdón. De ahí que ponga todo el énfasis en la superación del rencor y en la reconciliación (como si el problema de fondo fuera el supuesto rencor de la parte ofendida y no el indudable pecado de la parte ofensora). Solo como a regañadientes admiten los responsables del librito que, por desgracia, puede haber otro caso. Cabe preguntarse por qué les cuesta tanto admitir algo que resulta tan obvio en la enseñanza que nos ocupa…

Intolerable manipulación del texto

De hecho, según Mateo 18:17, aun con dos o tres testigos el ofensor puede seguir negándose a “oír”. La prescripción de Jesús, entonces, es “dilo a la iglesia”. Y aquí, por duro que sea decirlo, es donde la lección riza el rizo de la tergiversación, afirmando: “En este caso, Jesús nos instruye que llevemos el problema ante la iglesia. No dice que se interrumpa la reunión del sábado de mañana por un conflicto personal. [¿Por qué necesitan recurrir a la caricatura los responsables de la lección?] El lugar apropiado para plantear el problema, si los dos primeros pasos no tuvieron éxito, es la Junta Directiva de la iglesia. Otra vez, el propósito de Cristo es la reconci­liación. No es echar la culpa a una parte y exonerar a la otra.”

Por más que leemos y releemos todo el pasaje, nos cuesta ver que diga eso… Para empezar, ¿no es cierto que el Maestro está hablando desde el principio de un caso claro en que un hermano peca contra otro? ¿Por qué se reduce, entonces, la cuestión a un conflicto en el que los dos podrían tener parte de culpa? ¿A qué viene negar (de modo implícito) que hay una parte ofensora y una parte (legítimamente) ofendida? Si la primera y solo la primera es la culpable, y si se niega a arrepentirse, ¿por qué la lección no acepta claramente que la verdad debe salir a la luz, y que eso es justamente lo que nos está diciendo el Señor?

Como indicio adicional de que el librito se niega a reconocer en su plenitud la enseñanza de este pasaje, resulta significativo que aquel no aluda lo más mínimo a la última parte del versículo 18, que nuevamente, aunque ya de manera más cruda, constata la posibilidad, triste pero real, de que el infractor no se arrepienta: “… y si no oye a la iglesia, tenlo por gentil y publicano.” Omitiendo esto, ¿se han propuesto pintarnos un mundo de color de rosa? ¿A costa de la integridad de la Palabra?

Nadie nos obliga a ser equidistantes cuando existe una ofensa claramente discernible. Si adoptamos esa actitud, en realidad caemos en una falsa equidistancia, pues trataríamos por igual al ofensor impenitente y a su víctima. Así negaríamos al primero la opción redentora de cosechar lo que ha sembrado (ver 1 Corintios 5:5). Pero eso, como sabemos por Gálatas 6:7, constituye una burla a Dios.

Además, como hemos visto, los responsables de la lección señalan que el lugar para dirimir el conflicto, una vez llegados al tercer paso, “es la Junta Directiva de la iglesia” (“the church board”, leemos en el librito original). ¿Dónde dice eso el Maestro? Es más, ¿acaso nuestra propia iglesia no prevé, y usa en múltiples ocasiones, foros más amplios (como las llamadas “juntas administrativas” o asambleas de toda la congregación) para resolver, entre otros, asuntos como este? ¿Por qué se pretende restringir el ámbito de solución del problema cuando el “dilo a la iglesia” de Jesús, nos guste o no, apunta a la máxima transparencia?

Conclusiones

Con su exagerado énfasis en el rencor desde el título de la parte del jueves 19 de septiembre, los responsables de la escuela sabática llegan en la práctica, aunque sea involuntariamente, a convertir a la víctima en el culpable. Y todo, según nos tememos, por sostener una mentalidad de fondo que les impide aceptar el texto evangélico tal cual es.

Pues salta a la vista que en este pasaje de Mateo no se trata solo de superar el rencor y alcanzar la reconciliación. Tanto el texto como el contexto (ver 18:12-14 y, sobre todo, 19-20) evidencian que también se habla de la disciplina y la necesidad de restaurar al hermano infractor (su condición espiritual, no solo nuestra relación con él). No en vano está en juego la pureza de los hermanos implicados, pero también el nivel moral de toda la iglesia.

En razón de cuanto antecede, parece de rigor preguntarse qué pueden tener en mente los responsables de la escuela sabática al incurrir en las distorsiones aquí mostradas, que de manera inadmisible empobrecen y adulteran la Palabra de Dios. Y es, quizá, inevitable recordar que a los dirigentes de la IASD –como, en general, a los de cualquier otra organización humana– les gusta “resolver” los problemas en los foros más reducidos posible (en petit comité), naturalmente siempre que ellos estén presentes, y de manera que el resultado sea el que a ellos les interesa. Algo muy poco acorde con la transparencia que desde altas esferas de nuestra iglesia se viene pregonando. Pero que está en plena consonancia con la obsesión por la “unidad” que tanto les gusta a muchos de ellos como base para preservar su dominación sobre los miembros. Obsesión que quizá pese, consciente o inconscientemente, a la hora de redactar las guías de estudio para la escuela sabática.

¿Ideología del poder?

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Published in: on 28/09/2013 at 13:22  Comments (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. Jesús es clarísimo: “Dilo a la iglesia”; en griego ‘ekklesía’, es decir “asamblea”, no “junta directiva”. Entender “iglesia” como “junta directiva” es puro clericalismo contrario a la Escritura, nítida en este punto. Gracias, Catacumbas.

  2. Gracias a ti, hermano, por tu valioso comentario.

  3. He publicado el siguiente artículo recomendando esta entrada de Catacumbas:

    http://spectrummagazine.org/cafe_hispano/2013/10/11/la-junta-de-iglesia-%C2%BFes-la-iglesia


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