Crecer en Cristo (escuela sabática): un trimestre muy positivo

El librito de escuela sabática no puede reemplazar a nuestra entrega. No nos va a hacer mejores sin nuestra atención y esfuerzo activos. No puede darnos crecimiento en Cristo. Pero sí puede guiarnos y estimularnos hacia la Fuente de Poder a condición de que lo usemos como plataforma para un estudio realmente personal. Con tal fin, sobre todo si nuestra fe ya es añeja, es preciso que no nos suene a la “música” de siempre. Sus lecciones han de ser profundas y, por qué no, atreverse a penetrar por senderos no trillados.

Algo de eso viene caracterizando, incluso con cierto grado de excepcionalidad, al trimestre que ya concluye. Gracias, Señor, por ello. Señalaremos aquí algunas de sus aportaciones, más allá de tópicos habituales. Pero no nos limitaremos a enumerarlas, sino que reflexionaremos brevemente al hilo de cada una de ellas.

Revelación y existencia de Dios

La Lección 2 aclara oportunamente que la Naturaleza puede informarnos acerca de Dios (ver Salmo 19:1), pero no revelarnos de qué Dios estamos hablando exactamente. De hecho, contemplando solo la realidad natural, podríamos concluir que se trata de una deidad que se complace en el mal y en la muerte no menos que en el orden y la belleza. Para saber más sobre ese Dios, necesitamos la revelación bíblica.

Pero ésta, curiosamente, no se esfuerza por demostrarnos la existencia de ese Dios que es Amor. Se limita, que no es poco, a hablarnos de ella, o más bien, de sus implicaciones para nosotros. Con la elegante y solemne sobriedad de su estilo y la autoridad de su inspiración, afirma a ese Dios y, sobre todo, nos informa acerca de él de una manera que resulta trascendente a nuestras humanas posibilidades.

El aberrante evolucionismo

Nuestra iglesia a menudo desaprueba y rebate el mito evolutivo sobre el origen del hombre, pero no siempre señala los graves absurdos teológicos que se derivan de aceptarlo desde una óptica bíblica. El librito del trimestre no habla mucho de este asunto, pero en la parte del miércoles de la Lección 3 encontramos líneas esclarecedoras, como por ejemplo: “De acuerdo con esa falsa teoría, Dios usa procesos de violencia, egoísmo y dominación de los fuertes contra los débiles a fin de crear un ser moralmente impecable y desinteresado que ‘cae’ en un estado de violencia, egoísmo y dominación de los fuertes sobre los débiles, estado del que ha de ser redimido o, de lo contrario, afrontar un castigo definitivo.”

Solo esa extensa oración basta para mostrar la incongruencia con la lógica bíblica de semejante mito, que no obstante sigue encontrando la aprobación de iglesias autoconsideradas cristianas. Afirmando, pese a lo que acabamos de ver, que “la teoría de la evolución no resta dignidad a la persona”.

La predestinación bíblica

En la Lección 4 se trata, aunque también brevemente (el lunes), el asunto de la predestinación, artificialmente espinoso por causa de erróneas interpretaciones históricas. Incluso miembros de nuestra iglesia, algunos de ellos intelectualmente conspicuos, no aciertan a comprender que la divina anticipación del futuro no implica en absoluto que Dios lo predetermine (grandes pensadores del pasado, por sorprendente que nos parezca, también incurrieron en esa confusión). Y no son pocos en el ámbito de la cristiandad los que siguen sin aceptar algo tan sencillo como que Dios proveyó salvación para todos (leer Romanos 5) y que en eso consiste justamente la predestinación bíblica (cf. Romanos 8:28-39). Nada que ver con un doble decreto de salvación y condenación eternas que algunos se empeñan en afirmar.

Los enemigos de nuestra dicha
y de nuestra salvación

La Lección 5 es quizá, además de brillante en varios pasajes, donde empiezan a prodigarse los elementos excepcionales. En primer lugar, aborda de manera profunda conceptos relativos a nuestra redención, destacando que implica algo tan “injusto” como una muerte –la de Cristo– en sustitución de la nuestra. Afirma después, en términos plenamente bíblicos, que nuestro mayor enemigo es el poder del pecado. Este actúa tanto desde fuera como –lo que es más grave– desde dentro de nosotros mismos. Se subraya así la conexión entre pecado y naturaleza humana, afirmando que ese poder maligno es más fuerte que nosotros mismos. Se nota que el autor, el ghanés Kwabena Donkor, no tiene los remilgos que a veces muestran otros a la hora de reconocer la depravación innata que nos caracteriza.

Pero lo más novedoso llega a partir del martes. Ahí se empieza a hablar de enemigos externos concretados en entes poderosos que buscan dominarnos y aplastarnos. Se habla, pues, del poder, del afán de dominación, asunto que no es muy frecuentemente abordado como tal en las publicaciones de nuestra iglesia. Pero es interesante, además, que el autor se salga del típico reduccionismo espiritualista o sobrenaturalista que solemos hacer al interpretar pasajes como Efesios 6:12. Tanto ese versículo como, aún más claramente, Romanos 8:38 son asociados por el autor no solo con demonios literales, sino también con “gobernantes civiles”, es decir, humanos. (A este respecto, es interesante reseñar que donde la Reina-Valera 1990, dentro del último versículo, traduce “…ni ángeles ni demonios…”, otras versiones –como la Reina-Valera 1995– vierten “…ni ángeles ni principados ni potestades…” o de otras maneras similares). Coincide así el autor con interesantes visiones como la del antropólogo René Girard en su libro Veo a Satán caer como un relámpago (el problema de este es que cae en el error opuesto, al negar la existencia personal de Satanás y sus huestes).

En la parte siguiente –miércoles– Donkor va incluso un poco más allá y, literalmente, afirma que esos “poderes” podrían ser “políticos, sociales, tradicionales, e incluso religiosos” (cursiva añadida). Más abajo, alude a “ángeles perversos y hombres perversos” (ídem). Y unas líneas después, añade que dichos poderes pueden ser “tanto personales como impersonales”, en alusión a sistemas o mentalidades que tratan de hacernos la vida imposible (como aquellos a los que nos referimos con frecuencia en este blog).

La Lección 5 ya no va más allá… Se queda a un pasito de aplicar esas consideraciones al interior de nuestra propia iglesia, haciéndonos temer que una vez más nos hemos quedado a medias (gracias a Dios, como enseguida veremos, esa impresión quedará corregida en la Lección 8). En todo caso, los principios ya están ahí, para quien quiera verlos. Tal vez el hecho de que el autor sea ghanés favorezca su mayor sensibilidad ante un tema como este de la dominación humana sobre humanos (el etnocentrismo occidental y en especial estadounidense, visible en muchos trimestres –como el del verano pasado–, y tan dominante de suyo, no suele facilitar un tratamiento abierto de este asunto).

La iglesia

La Lección 8 merece especial atención. Ya el domingo, el autor subraya que la palabra ecclesia nunca se usa en la Biblia para referirse a un edificio o espacio físico de adoración, sino a la comunidad de los creyentes. Enfatiza, además, que la iglesia se caracteriza por el hecho de que sus miembros comparten una estrecha relación individual con su Salvador. Esa y no otra ha de ser la principal clave eclesiológica y la garantía de la unidad genuina (ver Mateo 18:20; Juan 17:21-23). El miércoles aclara más el asunto, afirmando que esa unidad “no es una armonía que se consiga mediante ingeniería social, gestiones diplomáticas o subterfugios políticos”, sino “un don concedido a los creyentes por Cristo morando en ellos”. Solo así, añadimos nosotros, podemos prevenir espurios ecumenismos externos o internos.

En la parte final del lunes –último párrafo– hay una reflexión acerca de lo peligrosa que puede llegar a ser la propia iglesia para sus miembros, al modo de un sistema inmunitario que, en lugar de proteger al organismo, lo atacase. Una experiencia que más de un hermano habrá padecido, por ejemplo en relación con la iglesia-institución.

La mayor sorpresa –a nuestro juicio, muy positiva– llega el jueves, que trata del gobierno de la iglesia. Esa parte contiene frases que debieran resultar antológicas:

“No basta con mostrar que un sistema de gobierno eclesiástico se basa en la Escritura; el ejercicio de la autoridad en su seno debe reflejar sensibilidad a los valores bíblicos. […] Necesitamos recordar, además, que aunque Cristo ejerce su autoridad a través de su iglesia y de los dirigentes nombrados, él nunca les ha traspasado su poder a ellos” (cursiva añadida). Un mensaje muy apropiado para jefes (que no líderes) como los que con demasiada frecuencia cabe encontrar en nuestra iglesia.

Lo único que echamos de menos es que el librito hubiera incluido las conductas sistemáticas de esos jefes entre los poderes y mentalidades que, según Efesios 6:12 y Romanos 8:38 –entre otros textos–, acosan al creyente que trata de ser fiel a Dios (cf. Juan 16:2).

La lección se cierra el viernes, cuya parte incluye una cita de Elena White que todos deberíamos grabar a fuego en nuestras mentes: “Si un hombre confía en sus propias facultades y trata de ejercer dominio sobre sus hermanos, creyendo que está investido de autoridad para hacer de su voluntad el poder dominante, el procedimiento mejor y el único seguro consiste en quitarle el puesto, para que no se haga un gran daño y él mismo pierda su propia alma, y ponga en peligro el alma de otros…” (Testimonios para los ministros, 362).

Otros detalles interesantes

No podemos extendernos mucho más. Sí debemos mencionar partes como las del miércoles y el jueves de la Lección 11, donde se enfatiza la igualdad hombre-mujer en el seno del matrimonio así como la de empleador y empleados en el ámbito laboral. También se recuerda que el cristiano deberá oponerse a cualquier forma de discriminación negativa, “incluso si está apoyada legalmente”; y, citando al teólogo H. Richard Niebuhr, se sostiene que solo implicándose en labores cívicas y sociales “es posible ser fiel al ejemplo de Cristo”. (Una vez más, se diría que la sensibilidad ghanesa está en plena acción).

Todo lo anterior no le impide al autor del librito defender con entusiasmo enseñanzas bíblicas tan oficiales como las del Santuario Celestial y la Segunda Venida. En esto se diferencia de hermanos “liberales” que parecieran ver alguna incompatibilidad (!?) entre sus preocupaciones sociales y la ortodoxia bíblica bien entendida (a muchos hermanos “conservadores” les ocurre igual pero a la inversa…). Particular reseña merece el que el autor destaque Hechos 3:19-21 en relación con la purificación del Santuario y, por tanto, con el retorno de Jesús. Se trata de un pasaje en el que no solemos reparar a este respecto.

Conclusión

En suma, estamos ante un trimestre de escuela sabática que seguramente ha superado a la media en aportaciones diferentes y necesarias como “verdad presente”. Sobre todo para quienes anhelamos que nuestra iglesia deje de mirarse al ombligo y cumpla de verdad la misión que Cristo le encomendó.

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Published in: on 27/12/2012 at 18:58  Comments (2)  

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