Evangelizando con El conflicto de los siglos

La decisión oficial de difundir ampliamente en todo el mundo El conflicto de los siglos es un hito en los tiempos que corren. Sus consecuencias pueden ser tremendas. ¿Se puede evangelizar con El conflicto? ¿Se debe? Junto a todo esto, quizá no sea menos urgente preguntarnos si la IASD es realmente coherente con el mensaje de esa obra.

Esta semana hemos leído que en Jamaica ya ha empezado la campaña para la difusión de la obra quizá más característica de Elena White y de la propia IASD en su conjunto. De acuerdo con el sitio en Internet de la División Interamericana: “Los adventistas del séptimo día en Jamaica planean distribuir más de 250.000 copias del libro El conflicto de los siglos en los próximos seis meses”. La noticia se acompaña de imágenes en las que aparecen miembros de nuestra iglesia haciendo entrega de ejemplares del libro a personas no adventistas. 

Bajo el nombre de “La Gran Esperanza”, la campaña es en realidad de alcance mundial. En la web de la misma en los idiomas español y portugués se indica que la “meta es llevar esperanza a diez millones de personas por Internet”. Además, en el momento de consultarla, un aviso en la parte superior afirma que “9.444.866 personas leyeron ya el libro”. A renglón seguido se le invita a hacer lo propio al visitante usando alguna de las múltiples vías que se ponen a su disposición (lectura on line, descargas periféricas, petición de ejemplar por e-mail…). Parece que se ofrece sobre todo una versión abreviada, aunque en páginas interiores del sitio se puede acceder también a la edición completa. Se prevé la difusión de muchos millones de ejemplares en todo el mundo.

Un asunto polémico

En diversos ámbitos de la IASD no pocos hermanos han cuestionado la iniciativa. Es el caso de textos críticos aparecidos en Spectrum, medio que desde hace décadas, y ahora en Internet, constituye uno de los ámbitos más plurales que cabe encontrar en nuestra iglesia. Algunos de ellos son “The Great Controversy at the Center of Controversy”, “Will ‘The Great Controversy’ Project Harm Adventism?” y la versión en español de este último, aparecida en la sección Café Hispano: “¿Podría el proyecto “El Conflicto de los Siglos” dañar al adventismo?”

Las críticas que recogen dichos textos son variadas y giran tanto en torno al libro en sí como a la oportunidad de la masiva difusión del mismo. Algunas parecen de carácter menor, como las que aluden a la extensión de la obra o al coste de la campaña. Otras recuerdan los supuestos errores que contiene El conflicto, así como lo alejado que está su estilo de la mentalidad posmoderna. Pero sin duda la preocupación principal tiene que ver, en términos del segundo texto mencionado, con el temor de que el libro sea catalogado como “literatura de odio”. El pastor Eddy Johnson, aduciendo experiencias personales, lo considera más que probable y está convencido del perjuicio que algo así le ocasionaría a nuestra iglesia.

Creemos que se ha de reconocer que no se trata de una cuestión sencilla. Ya el que los responsables de la campaña hayan privilegiado la edición abreviada (unos doce capítulos y sin muchos pasajes “conflictivos”) refleja que tales hermanos no son ajenos a consideraciones basadas en la prudencia. Así y todo, es evidente que la iniciativa contribuirá a popularizar el libro también en su versión completa (a la que, como hemos visto, remiten enlazándola los sitios web). La apuesta no deja de ser valiente en cualquier caso. ¿O quizá sea mejor decir temeraria?

Tal vez en este caso, y huyendo de formulaciones categóricas, la mejor manera de responder sea planteando otras preguntas. Trataremos de ordenarlas de manera que nos vayamos acercando al meollo de la campaña en curso:

–¿Qué nos dice la Biblia sobre la necesidad de predicar la verdad? (Ver 2 Timoteo 4:2). ¿Es aplicable esto mismo a El conflicto de los siglos?

–¿Nos creemos o no que esta es una obra que contiene verdades inspiradas por Dios? Si es así –pero no se vea intención capciosa–, ¿hay razón para dudar de que debería ser difundida al máximo?

–La propia Elena G. de White alentó su distribución por considerar que se trata de una lectura necesaria en los últimos tiempos de la historia: “Se me ha indicado que los libros importantes que contienen la luz que Dios ha dado respecto a la apostasía de Satanás en los cielos, deben recibir una amplia circulación precisamente ahora; pues por su medio la verdad debe llegar a todas las mentes. Patriarcas y Profetas, Daniel y Apocalipsis, y El conflicto de los siglos son más necesarios ahora que nunca antes” (Review and Herald, 16/02/1905). Al hilo de este párrafo, cabe preguntarse: ¿Seguimos considerando inspirada a la propia señora White?

–¿Se puede calificar de manera objetiva a El conflicto como “literatura de odio”? Dicho de otro modo, ¿creemos que es el odio lo que mueve sus críticas a determinados colectivos (sobre todo el de los papistas)?

–Cristo nos aconseja prudencia en nuestra actividad misionera (Mateo 10:16). A la vez, nos recuerda que su mensaje no resultará complaciente para el mundo (Mat. 10:34). En función de ello, y más sabiendo que las persecuciones están profetizadas, ¿debe preocuparnos que se nos acuse o aborrezca por causa de difundirlo? (Lucas 6:22; Mateo 5:11).

–Conviene recordar, por último, cuál es el propósito de la obra que nos ocupa. Hagámoslo usando las palabras de su propia autora: “Desarrollar las escenas de la gran lucha entre la verdad y el error; descubrir las tretas de Satanás y los medios de resistirle con éxito; presentar una solución satisfactoria del gran problema del mal, derramando luz sobre el origen y el fin del pecado en forma tal que la justicia y benevolencia de Dios en sus relaciones con sus criaturas queden plenamente manifiestas; y hacer patente el carácter sagrado e inmutable de su ley” (El conflicto de los siglos, p. 15).

¿Es todo eso necesario en los tiempos que corren? ¿Implica evangelizar?

Una “polémica” quizá más necesaria…

Cualquiera que haya leído atentamente El conflicto estará de acuerdo en que uno de sus temas estrella, quizá el hilo conductor de gran parte de la obra, es la libertad de conciencia. El capítulo 36 en las ediciones típicas suele titularse “La libertad de conciencia amenazada” y versa sobre la trampa en la que Roma, disfrazada de ente apacible, hará caer al resto de la cristiandad para imponer su dominio al mundo.

Los adventistas, en razón de esos énfasis, hemos denunciado tradicionalmente tales amenazas erigiéndonos en valedores de la libertad religiosa (aunque es más correcto y justo llamarla, precisamente, libertad de conciencia). Tenemos incluso organizaciones pioneras, o muy destacadas, en esa defensa. Ahora bien, ¿hasta qué punto hemos sido consecuentes con ella nosotros mismos?

Nos referimos a nuestro propio ámbito, naturalmente. Este blog se consagra a la defensa de la transparencia y la libertad de expresión dentro de la IASD. Se trata de valores más o menos directamente relacionados con los derechos de conciencia. La falta de transparencia suele deberse al afán de control y de poder, que tiende a manifestarse en dominación sobre las conciencias. Y negar la libertad de expresión es una manera de violentar aquéllas.

Ya vimos cómo el órgano supremo de la IASD, la Asociación General, viene últimamente fomentando esas libertades y esos derechos, delatando así su extensa conculcación en muchos ámbitos de nuestra iglesia. Resulta saludablemente coherente que los mismos hermanos que han decidido la difusión masiva de El conflicto promuevan uno de los valores fundamentales que exalta esta obra. ¿Son igualmente coherentes a este respecto otras instancias de nuestra iglesia?

Tal vez esta cuestión merezca ser causa de un debate (de una “polémica”) entre nosotros no menor que la analizada en los apartados previos.

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Published in: on 13/04/2012 at 18:38  Comentarios (8)  

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8 comentariosDeja un comentario

  1. Dice Elena de White: “Patriarcas y Profetas, Daniel y Apocalipsis, y El conflicto de los siglos son más necesarios ahora que nunca antes”. Pero cabe preguntarse si el “ahora” de ella es el mismo que el nuestro. El mundo ha cambiado mucho desde entonces; la iglesia adventista bastante; personalmente creo que la Iglesia Católica no ha cambiado en lo sustancial, pero desde luego la percepción que el mundo tiene de ella ha cambiado radicalmente después del Concilio Vaticano II. Un factor que hay que tener en cuenta a la hora de distribuir el Conflicto.

    Quizá lo más apropiado sea que esta labor de desenmascaramiento histórico del papado vaya acompañada de un desenmascaramiento del papado actual. No es fácil, pero, aparte de muchos que tratan de hacerlo desde el sensacionalismo crédulo, hay quienes lo están haciendo con acierto.

  2. Valiosa aportación, Jonás. Hasta donde hemos podido determinarlo, White se refiere al tiempo del fin. Ciertamente, su visión de este puede ser distinta de la nuestra. Seguro que ella no esperaba que todavía fuéramos a estar “aquí”.

    Por eso enmarcábamos esa cita en tono interrogante y entre otros argumentos (también más sugerentes que categóricos). De todos modos, y respecto a la necesaria labor de desenmascaramiento histórico del papado que usted menciona, incluido el papado actual, ¿no es cierto que El conflicto viene como anillo al dedo?

  3. Sin duda, pero no tiene suficientemente en cuenta el lavado de cara que supone el Concilio Vaticano II, ni los planteamientos sinceramente aperturistas de muchos católicos romanos, que entienden que desde aquel concilio Roma ha cambiado significativamente y representa de forma más fiel que antes un cristianismo genuino. Los católicos (y no católicos) que lean “El Conflicto” siempre podrán decir que está basado en la visión de la Iglesia Católica diferente a la actual. De ahí la necesidad de complementar ese libro.

  4. Recordemos que una cosa es la cara que el papado pone al mundo en la actualitad, y otra cosa es la cara que realmente tiene y que la propia Escritura retrata en Apocalipsis 13 y 17. Si el papado no es actualmente lo que fue, un ente de intolerancia y persecución, es porque las circunstancias políticas, entre otras, lo impiden. Pero esta situación, como sabemos es temporal. Así que mientras el día dure no hay que dejar de decir lo que deba ser dicho como debe ser dicho.

  5. Esa es justamente nuestra posición de fondo, Bourne. Admitiendo que el asunto es delicado, no deberíamos olvidar que es Dios quien nos encomendó la misión de anunciar el juicio (Apocalipsis 14:6-7). Si además aceptamos que El conflicto es un libro inspirado, las dudas deberían disiparse.

    Gracias por tu aportación.

  6. Anunciar esta Buena Nueva, sí Jesús les dijo a sus discípulos: Id por todo el mundo y anunciad la Buena Nueva.
    En el caso expuesto anteriormente: Apocalipsis 14:6-7. Se describe una visión…
    Señores en ese volumen, se explicita que el Papado era hegemónico en el año 358. ¿Lo era?

  7. Suponemos que se refiere al 538. Elena White habla, en dos ocasiones, de un periodo de dominio papal que va desde ese año hasta el 1798. Lo conecta con la profecía daniélica de los 1.260 días, que tiene paralelos en el mismo Daniel y en Apocalipsis (“tres tiempos y medio”, “cuarenta y dos meses”…). Tanta alusión ha de reflejar su importancia, y además siempre en un contexto de persecución del pueblo de Dios.

    En cuanto a la fecha inicial, mencionada por usted, en torno a ella el emperador Justiniano concedió privilegios definitivos a la Roma papal. Ciertamente, es dudoso que fuera exactamente en esa fecha, pero quizá no quepa entender los 1.260 años sino como un redondeo.

    Al margen de ello, hemos de estar de acuerdo en que ‘El conflicto’ no se reduce a ese tema. Saludos.

  8. Efectivamente, me refería al 538.
    Desde lo hondo de las catacumbas dicen: “Ciertamente, es dudoso que fuera exactamente en esa fecha, pero quizá no quepa entender los 1.260 años sino como un redondeo. “

    Entonces, desde ese escondite, ¿cómo podemos saber cuándo empezó, realmente, a ser hegemónico el Papado? Porque queda bien claro que en el 538 no lo era, ni en el 598, ni en el 1084 tampoco.
    Mal andamos elucubrando sobre el futuro… sin conocer realmente el pasado.


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